
Hay una peregrinación que todo fanático de los videojuegos debería hacer al menos una vez en su vida. Es un encuentro de tres días, en el que se anuncia todos los avances tecnológicos que van a dominar el mundo de las fantasías digitales en el futuro inmediato. La Electronic Entertainment Expo, también conocida como E3, es un cónclave de inventores de videojuegos, jugadores especializados, mitos de la industria informática y celebridades del cine o la música que reconocen en la realidad virtual de las consolas el nuevo camino hacia la inmortalidad. No es extraño que el encuentro se realice en Los Ángeles, la tierra del glamour hollywoodense: el E3 tiene mucho de festival de cine (con proyecciones en adelanto de videojuegos que se parecen cada vez más a las películas), de música (con presencia de astros como Eminem o leyendas como Paul McCartney y Ringo Star), y televisión (puedes toparte sin mayor problema con el protagonista de alguna serie que se ha vuelto parte de tu rutina). Todo lo que un devoto de los juegos de guerra o las carreras de autos o los conciertos interactivos o las aventuras en ciudades apocalípticas desea experimentar antes que nadie está en el E3. Los asistentes forman parte de una comunidad de cultores del escapismo de vanguardia. Gente que no solo está atenta a cada revolución tecnológica, sino que haría lo que fuera por protagonizarla: los geeks.
Estamos ante los verdaderos revolucionarios de la historia. Microsoft, Apple y Google fueron fundadas por geeks. La primera abrió al mundo las ventanas del ciberespacio, la segunda le puso estilo a los objetos del futuro, la tercera busca organizar toda la información disponible en el planeta. La vida cotidiana tiene ADN geek, aunque muchos no quieran admitirlo. El propio apelativo es una muestra de la distancia con que el hombre moderno bserva a los visionarios. Al menos hasta fines de los años sesenta, la palabra geek definía a los encargados de los actos más denigrantes del mundo del circo, cosas a las que ninguna persona aceptaría someterse. El Diccionario de Bolsillo de la Jerga Estadounidense (1967) incluso lo define como «un degenerado, alguien que haría cualquier cosa, sin importar lo desagradable que sea, con tal de obtener dinero o satisfacer deseos perversos». En los años ochenta, una generación de muchachos brillantes, obsesivos y fanáticos del entonces extraño lenguaje de lainformática, inició un cambio que fue conocido como la revolución de las computadoras. Se los conocía como hackers, aunque el apelativo terminó asociado a un sector de esos talentos entregados a la tarea de dañar sistemas ajenos.
Los hackers buenos del inicio pasaron a ser los geeks de hoy, esos fanáticos de la tecnología que suelen concentrar su talento en las aventuras de un videojuego. Ningún lugar más apropiado para entenderlos que la cumbre que reúne a la mayor cantidad en una sola ciudad del planeta.
1. . Alguien acostumbrado a las regalías de la sofisticación. La E3 es un lugar en el que puedes cruzarte con Elijah Woods, el actor principal de El Señor de los Anillos, o Shaun White, medallista las Olimpiadas de Invierno, sin que se arme un alboroto como ocurriría en un simple festival de cine o en un coliseo
deportivo. Si eres un geek con influencias, puedes recibir una invitación para una fiesta privada como la que unacompañía ha organizado con Eminem. La presencia de celebridades es una característica de este encuentro. En el 2009, Paul McCartney y Ringo Star presentaron aquí un videojuego musical en base a la historia de los Beatles, y el director de cine James Cameron ofreció un adelanto de la tecnología que hizo posible el éxito de la película Avatar. Esta vez, otro gigante del cine, Steven Spielberg, se filtra casi de incógnito entre los asistentes para ver la presentación de una de las mayores sorpresas de la convención del 2010: el Nintendo 3DS, una consola portátil capaz de generar imágenes tridimensionales que el jugador puede observar sin necesidad de gafas especiales. Un geek es cool por eso, porque prueba lo nuevo antes que nadie.
También es cool porque sabe de acción. A diferencia de un cinéfilo que se planta en su butaca para que le cuenten una historia, un geek es un forjador de su propio destino. Lo compruebo una tarde en que asisto a la presentación del tráiler del juego Star Wars: The Other Republic. La cita es en el Orpheum Theater, uno de los cinco auditorios de la convención. La mayoría de asistentes ronda entre los veinte y treinta años. Algunos se toman fotos con DarthVader o un soldado imperial que deambula por el lobby. En la sala, dos representantes de la compañía anuncian las principales novedades del juego: la primera es que cada jugador tendrá su propia nave desde el inicio: la segunda es que podrá elegir entre pelear junto a los jedi o pasarse al lado oscuro de la fuerza, algo que supera las mayores fantasías de los primeros devotos de la saga.
Un geek es cool porque sus tótems son cool. El ídolo geek debe tener estilo, el aura de una estrella de rock. La prueba es Tomonobu Itagaki, un creador de historias a quien muchos consideran el Quentin Tarantino de los videojuegos. El autor de la saga Dead or Alive aparece en el centro de convenciones con un pequeño séquito que lo rodea. Lleva gafas de sol, casaca de cuero y las manos cargadas de anillos. Hay que tocarle el hombro para llamar su atención: Itagaki solo habla japonés. No es un actor famoso ni un director de cine taquillero, pero varios
curiosos se acercan a tomarse fotos con él. Es aquí que uno comprueba la fidelidad de los geeks a sus íconos.
2. . A la salida de una presentación me topo con Felicia Day, la diosa geek. Su presencia aquí resulta tan deseada como la de Maradona o Pelé en un estadio. Su nombre encabeza el ránking de las chicas geek más deseadas del 2009 del canal Spike TV. Ella puede observarte con sus ojos verdes y esconderse tras su cabellera roja, mientras te deja con la sensación de haber visto un ángel. Felicia es la fantasía erótica geek:no sólo es guapa, sino que tiene un título en música y otro en matemática en una universidad de Texas, luego de rechazar a Julliard, una de las escuelas de música más prestigiosas del mundo. Esta mañana lleva un sencillo bividí crema y un iPhone lleno de stickers. Camina sola, pese a que tiene casi dos millones de seguidores en Twitter. Algunos logran tomarse una foto con ella y la dejan tranquila. El reverso de la moneda del geek es que
muchos mantienen una timidez patológica. La industria no pasa por alto estas inclinaciones. Varios videojuegos incluyen chicas voluptuosas en sus tramas. En la serie Dead or Alive, las protagonistas pelean enfundadas en trajes de pronunciados escotes. El guiño ha causado tal euforia entre los geeks, que existe una secuela llamada Dead or Alive Xtreme Beach Volleyball, en la que ambos equipos de chicas aparecen en diminutos bikinis. En los pasillos de la E3 se comenta con entusiasmo que la saga tendrá pronto una versión disponible para la consola 3DS de Nintendo. Quiere decir que pronto podremos ver a esasbellezas en tres dimensiones. Una posibilidad que de seguro alimentará los sueños húmedos de muchos geeks (en especial esos que usan los controles del Playstation 3 para hacer saltar los senos de las jugadoras).
La convención misma es un aquelarre de elfas con orejas largas y puntiagudas, guerreras aladas y motociclistas sexys que te invitan a los puestos de las diferentes productoras de videojuegos. Pero una cosa es una chica conapariencia de porrista y otra la clase de mujer que despierta las fantasías de esta tribu. La dueña absoluta deeste sitial es Lara Croft, la Indiana Jones de los geeks. Es hermosa y voluptusosa, como las chicas de Dead or Alive, pero además tiene un atributo imprescindible: es inteligente. Sus seguidores pueden comprobarlo en los monitores que la compañía Square Enix ha destinado para exponer su nueva aventura. Veo a Lara en su típico atuendo: polo celeste, short marrón y botas de cuero. «Ahora podrás compartir la experiencia con un amigo», me dice una de las diseñadoras del juego. Esta vez la heroína acompaña a un jefe tribal en la búsqueda de un objeto mítico llamado 'El Espejo de Humo'. La diseñadora, una chica japonesa de cabello lacio y blusa floreada, controla a Lara. A mí me toca el jefe. Estamos al centro de una ciudadela maya. Un grupo de humanoides nos ataca, pero los destruimos de inmediato con nuestras lanzas, pistolas y bombas. En seguida avanzamos por una calle hasta un punto en que el camino se divide en tres. Se supone que debemos recorrerlos para obtener los objetos que nos permitirán abrir una gran puerta. Lara y yo tomamos el de la derecha. A cada paso encontramos un nuevo grupo de enemigos que quieren matarnos. Al final llegamos a un recinto donde yace una llave sobre un pedestal. En el momento en que ella la toma, la pantalla se pone negra y aparece el título del videojuego en letras doradas: Lara Croft and the Guardian of Light. La demostración termina, pero me quedo contento. He caminado unos minutos junto a una leyenda.
3. . Reverencia como nadie sus tiempos mitológicos. En una de las salas, por ejemplo, encuentro gente que goza ante una consola de Pacman, la histórica esfera comelona que, junto a Mario Bross, encarna la prehistoria de los videojuegos. La versión del 2010 permite hasta cuatro jugadores para una especie de competencia caníbal: gana el que se come a los demás. Me ubico en una mesa junto a un jugador chino, un japonés y un alemán. Los asiáticos lucen más concentrados. El alemán mueve la palanca de direcciones sin temor, quizás confiado en su buena suerte. Mi estrategia se basa en esperar los errores de mis rivales. El juego dura
cincorondas. Empato con el japonés. Solo entonces levantamos las caras y nos miramos. El Pacman Battle Royale carece de los efectos espectaculares de hoy, pero nos ha remitido a nuestra niñez.
Una noche asisto a un tributo a la melancolía: el Video Games Live. Tres mil personas llegan a este concierto para escuchar los temas más recordados de la historia de los videojuegos. Tras un intermedio, con las luces apagadas yun silencio total, el animador empieza a tararear la inolvidable melodía de Super Mario Bros, emblema musical para los geeks de todo el mundo. La respuesta es instantánea. La masa que llena el teatro empieza a tararear la melodía en homenaje al personaje que nos acompañó por tanto tiempo. Es un instante mágico, la clase de conexión que te hace sentir parte de una generación y un momento en la historia de la humanidad. En cierto punto, el presentador reaparece en escena con una camisa rayada, se la abre y muestra su polo negro en el que se lee el título de un mítico filme de ciencia ficción. «¡Un grito por Tron, por fin la volveremos a ver en el cine luego de treinta años!», grita el hombre. Los más adultos responden con puños en alto y un grito hacia aquella película que para un geek es tan entrañable como Casablanca o El Padrino para un cinéfilo.
4. . Una cosa es que juegues en la sala de tu casa en modo para un solo jugador o con tu amigo del barrio y otra muy distinta es que te enfrentes a un geek fanático de los juegos de pelea en una convención donde sobran los geeks fanáticos de los juegos de pelea. La E3 es un espacio ideal para destrozar cualquier atisbo de soberbia en un jugador promedio. Cada día puedes ver largas colas de gente que espera un turno para demostrar sus habilidades en el combate digital. La idea no es sólo vencer a tu oponente. El gusto está en derrotarlo de una manera tan abrumadora que no deje dudas sobre tu dominio. El juego que te permite más opciones de crueldad es Mortal Kombat. «Hemos escuchado las sugerencias de los fanáticos y hemos traído de vuelta los fatalities»", dice uno de los diseñadores de la nueva versión. En el universo de esta saga, un fatality es un movimiento especial que permite al ganador dar el golpe de gracia al derrotado. La pantalla muestra un variada gama de desenlaces: puedes arrancar con las manos el corazón de tu oponente, cortarle la cabeza, echarle ácido en la boca. Uno de los remates más celebrados es cuando el monje shaolin Kung Lao corta a su oponente con una cierra y levanta un pedazo del cuerpo con cada mano. A más sangre, más vitoreos de los presentes.
Mi primera oportunidad de enfrentarme a alguien se produce en el stand donde se presenta el juego Marvel vs. Capcom 3, un título que reúne a los héroes de ambas compañías. Puedes ver a Wolverine de los X Men enfrentándose a Ryu de Street Fighter, o al Increíble Hulk contra Leon Kennedy, el policía que lucha contra los zombies de Resident Evil. Cuando llega mi turno, veo a mi derecha a un tipo de aspecto adolescente que a todas luces domina el juego. Cada cual tiene opción a una terna de combatientes. Él se adelanta y escoge a Leon Kennedy, al mercenario Dante y a una demonio llamada Morrigan. Yo opto por Ryu, Wolverine y Iron Man. El escenario es un desfile en una calle de Nueva York. Empezamos a pelear. No resisto ni tres minutos. Le pido una revancha. Cambiamos de personajes, y aunque logro eliminar a dos de sus luchadores, me gana otra vez. Me niego a perder y le pido una tercera ronda, aunque detrás de nosotros hay una cola de fanáticos que espera su turno. Mi oponente, cuyo nombre nunca supe, me indica que nuestro duelo ha terminado.
Pudo pasar como un tropiezo inicial, pero me sucede lo mismo en la exhibición de la nueva entrega de Medal of honor, una serie de videojuegos creada por Steven Spielberg. El combate virtual se desarrolla en Afganistán. En el stand de pruebas hay varios monitores. Me ubico en uno de los terminales. Estoy entre los escombros de Kabul. Camino en busca de alguien a quien matar cuando, al doblar la esquina, aparece un enemigo que me dispara. Veo mi cuerpo virtual caer al piso y, a un extremo de la pantalla, una ventana con la identidad de mi asesino. En las siete rondas que juego apenas mato a un par de contrincantes. Me retiro por una cuestión estratégica: prometo comprarme el título apenas salga a la venta y jugarlo hasta ser infalible.
5. . Puedes escucharlo hablar de betas y demos con la misma naturalidad con la que un cocinero habla de ingredientes y recetas. Un beta es una versión en fase de desarrollo de un videojuego próximo a estrenarse (la idea es que cierto número de jugadores los prueben para detectar errores a corregir en la futura obra maestra). Un demo, en cambio, es la muestra final que se ofrece a los consumidores para animarlos a comprar un nuevo título. La programación de la E3 ofrece constantes lanzamientos de demos e invitaciones para participar en las fases beta de distintos juegos (no hay honor más grande para un geek). Kevin Butler es el personaje que encarna la importancia del lenguaje geek. Butler, un ficticio ejecutivo representado por el actor Jerry Lambert, puede aparecer un día como vicepresidente de Confirmación de Rumores o de Manejo de Guerras en los comerciales de Playstation 3, la famosa consola de Sony. En esta ocasión su imagen da la bienvenida a los asistentes a la E3 2010 desde lo alto de un panel publicitario ubicado en una de las entradas al centro de convenciones. Butler aparece en mangas de camisa, mientras sostiene un arco virtual que apunta al cielo. Es la manifestación de la nueva tecnología que presenta Sony en este encuentro: el Playstation Move, un sistema de control que permite reconocer los movimientos del cuerpo del jugador. La presencia de Butler apunta a entusiasmar a los jugadores con la idea de que todos los adelantos de esta era son parte de un estado de conciencia al que es inútil resistirse: «Porque cada gamer es un gamer verdadero, gamers en movimiento, gamers sentados. Todos. Y a pesar de que algunos seamos parte de determinada corriente o adeptos a alguna compañía en particular, en el fondo, todos servimos a un mismo amo, a un mismo rey. Y su nombre es el gaming. ¡Qué reine para siempre!». Bajo esa premisa, un geek es capaz de forzar sus capacidades hasta niveles inauditos con tal de alcanzar un achievement o un trophy, los respectivos premios de Microsoft y Sony a los mejores jugadores. Algunos de estos trofeos sólo se consiguen tras realizar proezas legendarias, como hacer mil golpes seguidos en un juego de acción o terminar un título en menos de dos horas (cuando normalmente tomaría más de cinco). Una combinación de golpes es un combo y un combo puede ser aplicado en base a un shoryuken (una especie de potente gancho hacia arriba con salto incluido), un hadoken (una bola de energía que sale de las manos) o un sonic boom (una descarga que surge de un doble gancho con ambos brazos). Cada juego agrega nuevos términos al diccionario de la cultura geek, que no corresponde a ningún idioma específico. La E3 es una Torre de Babel en la que todos se entienden.
6. . Su condición de entendido en la materia lo vuelve parte de un público muy consentido por las grandes corporaciones de este negocio. La E3 suele ser tribuna para el anuncio de verdaderas revoluciones tecnológicas. Fue aquí que en el 2006 la compañía Nintendo presentó por primera vez el Wii, la primera consola con mandos inalámbricos capaces de reconocer el movimiento del cuerpo humano. En junio del 2010, los anuncios apuntan hacia algo aún mayor, un salto tecnológico que parecía restringido a las películas de ciencia ficción: los juegos sin controles. El símbolo de este cambio de paradigma se llama Kinect y ha sido elaborado por Microsoft. La presentación debe hacer honor a la expectativa que se ha creado desde que fuera anunciado el año pasado en este mismo encuentro. La ceremonia oficial es animada por el Circo del Sol, cuyo acto incluye a un personaje montado en un elefante. El juego supera la fantasía circense. Aprovecho un momento de distención para meterme en el stand donde se puedo probarlo. Hay varias versiones. La que me toca se llama Adrenaline Misfits, y pone al jugador sobre una especie de skate que puede correr sobre el agua. Un sistema de sensores captura el movimiento de mi cuerpo, de modo que puedo mover con las manos una serie de ventanas hasta seleccionar las opciones de mi preferencia: el escenario, el tipo de tabla, etc. Ya metido en la trama, manejo a mi avatar inclinando mi cuerpo hacia el lado que me interese moverme e incluso, si abro los brazos como un cóndor, puedo saltar desde lo alto de una catarata y caer con la delicadeza de un planeador.
El Kinect deja encandilados a muchos geeks, pero aún con su efecto futurista, no es lo más sorprendente de la convención. Al día siguiente, me levanto con la mente centrada en el 3DS de Nintendo. Al llegar a la sede, una fila de geeks intrigados forma una de las colas más largas para ingresar a la sala de pruebas. Las noticias y rumores sobre el juego han embalsado las expectativas. La cola es larga, pero esperamos. El turno será breve, veinte minutos, pero basta para probar el último fruto de este árbol del bien y del mal.
Una guapa anfitriona ofrece un mordisco de la fruta prometida: una pequeña consola portátil, amarrada a una de sus muñecas, ofrece imágenes en tercera dimensión de algunos personajes de Nintendo que vistos de frente parecen dar vueltas sobre la pantalla. Interesante, sí, pero habrá que ver si el efecto es el mismo en el juego real. Cuando llega el momento, entro a un recinto que alberga cincuenta ejemplares de la consola. En las pantallas hay varias versiones del Pilotwings resort, un clásico de Nintendo que se remonta a los años noventa. Se trata de un simulador de vuelo que te permite usar desde un paracaídas o un ala delta hasta un planeador o un cinturón cohete. Yo conduzco una avioneta que debo llevar hasta las nubes y hacer pasar entre aros flotantes. Por fin puedo ver en directo el santo grial de los videojuegos de este año: no solo siento el efecto realista de las imágenes, siento que las nubes se salen de la pantalla. En las otras máquinas veo nuevas versiones de Mario Kart, el recordado juego de carreras, o de Resident Evil. Veo jugadores embelesados con esta tecnología que ya no requiere gafas especiales para tomarte de la solapa. El efecto alucinógeno termina de aturdirme cuando una anfitriona me toma una fotografía con la cámara 3D que viene incluida en la consola. Segundos después, allí está mi retrato, me reconozco en la pantalla y veo que mi propio brazo sale de la misma como si acabara de desdoblarme.
7. . Entiéndase por esto lo que a inicios del siglo XXI empezó a denominar al individuo tecnosexual. La elevada estadística de tropiezos en este encuentro se debe a la sencilla razón de que todo geek suele caminar con la cabeza gacha, concentrado en manipular uno de sus objetos fetiche: el celular. La herramienta -que ahora ha pasado a formar parte de un subgénero de la sociedad de consumo denominado gadget-, le resulta indispensable para mandar mensajes de texto o actualizar sus perfiles en las redes de Internet. Es decir, para socializar. El celular de un geek debe tener una pantalla táctil, un ringtone acorde a su personalidad (relacionado a sus videojuegos o series favoritas), y las últimas aplicaciones que salten al ciberespacio. Steve Jobs es el rey del pop para los geeks.
El joystick es y será el único control para los retrogamers. La palanca siempre será la elegida por los tradicionalistas y exquisitos. Los jugadores de títulos de pelea son los que más reclaman este accesorio y hay algunos que no conciben este género sin el viejo control. En el stand de Capcom, la empresa más importante de juegos de pelea, los ortodoxos pueden probar los nuevos juegos con la tradicional palanca. Sin embargo, la mayoría de geeks, maniática de la novedad, llega a sufrir con la idea de tener el último accesorio que cada consola trae para jugar con comodidad. Nuevos controles que aseguran una experiencia de hipersensibilidad. La tecnología te hace sexy, y los geeks lo saben muy bien.









Ghermain | 8 Agosto 2010 19:07 |
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